sábado, 3 de octubre de 2026

Mente y alma


 No me canso de hablar sobre los innumerables beneficios de la lectura, que van mucho más allá del puro entretenimiento, del ocio y de la diversión del lector. Si bien es cierto que es el mejor exponente del ocio sano, la lectura conlleva otras muchas cosas que a veces se escapan al entendimiento del común de los mortales. A través de la lectura es cierto que enriqueces tu realidad, pues adquieres unos conocimientos de todo tipo y una cultura que excede y con mucho de la que algunos creen que pueden adquirir simplemente viendo la tele, pero también preparas tu cerebro y tus conexiones neuronales para afrontar el deterioro cognitivo y para poder superar un daño cerebral adquirido.

Leer es el mejor entrenamiento cerebral y ayuda y mucho, a superar algunas de las situaciones más difíciles que pueden presentarse en tu vida. Y sé bien de lo que hablo.

También es un perfecto tratamiento para la psique y para el alma. Leer el libro adecuado, ayuda a superar un proceso depresivo, un momento emocional delicado, una ruptura, una separación o el luto por la pérdida de un ser querido, tenga este dos o cuatro patas.

Pero claro...el ejercicio de la lectura consciente implica de cierto esfuerzo por parte del lector, porque leer es mucho más que descifrar la unión de ciertos símbolos en negro sobre blanco.

Para enfrentarse a la lectura de un texto, sea este del tipo que sea, hay que abrir la mente y tener una adecuada disposición a lo que se va a recibir a través de la lectura.

Y a través de una lectura consciente de según que textos, puede llegar el bálsamo necesario para calmar los dolores del alma, y hay que disponerse a ello abriendo el corazón y permitiendo que las palabras que se recogen en los párrafos o en las estrofas que estás leyendo, te acaricien el alma.

Todo está en los libros, y si abres mente y corazón, no solo vas a enriquecer tu bagaje cultural, sino que vas a poder suturar muchas heridas del corazón, y llenar los vacíos del alma.

He aprendido con la experiencia personal que en efecto, el ejercitar el cerebro a través de la lectura es realmente necesario y por eso recomiendo a todo el mundo que lea, sea  lo que sea, desde un comic, al Hola, EL Penthouse o a En busca del tiempo perdido, da igual, pero que lea a diario al menos 15 minutos y eso realmente será un estupendo tratamiento para fortalecer sus neuronas y las redes que estas establecen en el cerebro.

Pero también y por propia experiencia, recomiendo que lean todos aquellos que tienen el corazón herido, todos aquellos que piensan que sus problemas no tendrán solución y todos aquellos que maldicen el amor. En la lectura encontrarán que en muchas páginas de distintos títulos, "Ella" también terminó por alejarse de "Él"  y siguió su camino, que "Él" no se atrevió a enfrentarse a su destino y a abandonarlo todo por amor, que cualquiera de ambos también sufrió por la traición de quien les juró amor eterno y que fueron muchos los que creyeron que sus vidas ya no tenían sentido.

En muchas páginas un hijo declara el incondicional amor que siente por su madre o por su padre y en multitud de publicaciones un hermano está dispuesto a sacrificarse por otro.

La lectura nos hace más humanos, nos ayuda a liberarnos de mucho dolor y nos permite adentrarnos en aquellos mundos que desconocemos.

Y cuando comienzas a escribir tus propias historias, te descubres como el único dios de tu universo literario y aprendes que todo es posible en esa realidad paralela en la que Ella siempre amanecerá a tu lado y te sonreirá cada día al despertar. 

Por eso trato de distinguir y de separar bien una realidad de otra, porque a veces al escribir aquello con lo que sueño, olvido que soy capaz de vivir soñando. Y de soñar viviendo. Y eso es tan reconfortante como peligroso.

No dejéis de leer nunca. No tengáis miedo a escribir aquello que os nazca del alma.

La literatura salva vidas, y ayuda a hacer de ellas algo mucho más llevadero.




lunes, 21 de septiembre de 2026

Una última caricia


Se la quiso llevar un linfoma hace mes y medio ya, estando de vacaciones lejos de casa, pero la perrita se agarró a la vida y consiguió regresar a su hogar para apagarse poquito a poco junto a todos los que la quisimos, la queremos y la querremos siempre. 

Sus cenizas ya descansan junto a las de quienes la esperaban en el paraíso, en la otra vida o en lo que sin duda, se llame como se llame, tiene por fuerza que ser un lugar mejor.

Se ha ido como vivió, y pese a lo triste y lo difícil de este trance, ha sido algo casi dulce, porque nos ha regalado una despedida tranquila y, sin sufrir ella, ni hacernos sufrir a nosotros, quienes estando en estos difíciles momentos a su lado por lo menos pudimos regalarle una última caricia. Y un último beso.

Quien nunca ha convivido con un animal, no es capaz siquiera de imaginar cuanto duele su marcha.

Hoy estamos rotos. Han sido 16 años de amor desinteresado y de constantes demostraciones de cariño. No ha sido la perrita de la familia, ha sido parte de esta familia. Un miembro de cuatro patas, peludito y adorable.

Soy escritor y comunicador, necesito comunicarme constantemente con cuántos me rodean, ya sea hablando o escribiendo. Necesito convertir mi vida en palabras, en textos, en versos y en preguntas. Soy de naturaleza locuaz, he hablado hasta debajo del agua, pero hoy no tengo palabras.

Me aferro a la multitud de momentos felices que hemos compartido con ella, y sé que siempre vivirá en nuestro recuerdo y en nuestros corazones.

Fue una perrita muy buena y muy especial, y estoy seguro de que ya está con mi padre, quien hoy sonreirá al verla correr hacia él moviendo el rabo, feliz por volver a verlo.

Gracias, Bora. Por tanto. Por todo.

Volveremos a vernos, pero aún no. Aún no.

jueves, 27 de agosto de 2026

La importancia de no tener que arrepentirse de nada


 Estoy trabajando en un libro muy especial del que creo que ya os he hablado, El alegre.

Este libro es la sencilla biografía de un pequeño gran hombre que dedicó gran parte de su vida a compartir alegría, ya fuera tocando y cantando con una tuna, repartiendo helados, pasteles y tartas de un famoso establecimiento vallisoletano, o colaborando desde la tramoya de distintos teatros en espectáculos de todo tipo, desde conciertos a musicales, obras de teatro y festivales de cine.

Este hombre, se llama Julio Simón Alegre y es curioso que lleve la alegría también por apellido.

En las muchas conversaciones que para documentarme sobre su trayectoria existencial he mantenido con él con un café o un vino de por medio, he podido constatar que Alegre es mucho más que su apellido y el nombre por el que se le conocía en todo Valladolid y en el mundo del espectáculo.

A sus 86 años Julio siempre esboza una sonrisa como antesala de la charla y como complemento a la misma y, a la hora de hablar de sus vivencias y de regar las reuniones con un sinfín de anécdotas, su sentido del humor y su visión positiva de la vida definen los encuentros.

No voy a negar que envidio su vitalidad, su lucidez, su impresionante memoria y colección de vivencias, pero sobre todo y por encima de todo, envidio su afirmación de que siendo ya un octogenario, jubilado, orgulloso y satisfecho padre de dos hijas y abuelo de tres nietas y, feliz y amante esposo de su mujer de toda la vida, no se arrepiente de nada de lo que ha hecho desde que vino a este mundo.

Me pregunto donde hay que firmar para llegar a su edad ya no en su estupendo estado físico y mental, sino con la satisfacción personal que te lleve a poder afirmar algo así.

Al escribir este pequeño libro, me estoy empapado también de las costumbres de la época y del ambiente de mi ciudad en las décadas en las que él se desenvolvió por sus calles, sus escenarios y sus bambalinas, como pez en el agua, y mentiría si no dijera que este está siendo un proyecto muy enriquecedor en muchos y muy distintos aspectos.

Si además tenemos en cuenta que la idea de recoger en negro sobre blanco la trayectoria vital de Julio, nació de una de sus orgullosas hijas, queda claro que de esto solo puede salir algo francamente bonito.

La editora de dos de mis libros y además mi amiga, Paz Altés, me explicó una vez que un escritor no se define por los libros publicados ni por los premios obtenidos, sino por su necesidad de escribir.

En este proyecto nos hemos encontrado dos personas muy diferentes pero con muy parecidos valores que además podríamos definirnos como alguien con una natural necesidad de hablar y alguien con una enorme necesidad de escribir.

Ahora solo espero estar a la altura de la ilusión depositada en las páginas que conformarán la biografía de alguien que hizo de la alegría su seña de identidad y el leit motiv de su vida.

Espero que mi prosa sepa acompañar su sonrisa.

martes, 18 de agosto de 2026

En el casino adecuado


El tiempo pasa inexorable, y un día descubres que sin darte cuenta, te has hecho mayor. Y empiezas a preguntarte cosas.

No hace mucho (al menos en mi cabeza) era un tipo con toda la vida por delante, optimista, positivo, vital, ambicioso y pletórico de energía y de ilusión. 

Poco después ese exceso de energía (y porqué no decirlo, de arrogancia) me descubrieron que tenía otras vidas por delante, pero que ya había canjeado una de ellas por nuevas fichas al  abandonar la partida de forma absurda, cuando creía que iba ganando.

De vuelta en la mesa, decidí seguir las reglas y jugar respetando lo que salía en los dados, y descubrí el miedo a caer en casillas que hasta entonces no me preocupaban lo más mínimo. Empecé a jugar de forma prudente y sin arriesgar. Y a esto lo llamaron madurez.

Avanzo sobre el tablero. Voy salvando las jugadas más peligrosas y evitando abandonar, pero cada día de juego se me hace más difícil y más complejo, y tengo que recurrir constantemente al libro de instrucciones donde se recogen, (mal explicadas, eso sí) , las principales normas.

Leí que la filosofía oriental trata de explicarnos que quien vive en el recuerdo es infeliz, que quien lo hace  en el futuro pierde los nervios, y que solo viviendo el presente puedes encontrar la calma y la paz. 

Y por encima de otras muchas cosas que creía importantes, precisamente es la tranquilidad a lo que ahora aspiro como recompensa a jugar una buena partida, en la que respeto al resto de jugadores y acato las normas sin rechistar y sin tratar de saltármelas.

Tranquilidad de espíritu, de mente y de corazón. Tranquilidad emocional y vital. Pido a los hados que me repartan esas cartas y al destino, caprichoso y juguetón, que al arrojar los dados me haga caer en la casilla que me permitirá esquivar los peligros, la tristeza y la angustia.

Pero el destino es un conocido tahur al que tienen prohibida la entrada en los casinos de la mayoría de las religiones del planeta. Y organiza partidas clandestinas en las que hace y deshace a su antojo.

Quizás es por ello por lo que intento que se me admita en el casino que más casa con mis valores y en el que el jefe de sala me parece realmente un profesional honrado y con escrúpulos.

Y poco a poco me voy acercando a ese futuro que temo y que me angustia un poco, porque al avanzar voy abandonando el presente y dejo muy atrás el pasado. Pero claro...esto es lo que se considera vivir.

Una de las cosas que más me cuesta asumir y que la experiencia me ha grabado en el alma con letras de fuego, es que un día todos nos iremos. Depende del local en el que juegues se te ofrecerá pasar a otra sala o volver a sentarte con otras cartas, otro smoking y otro nombre, pero cuando se nos acaben las fichas los de seguridad nos invitarán a abandonar la mesa. O por las buenas, o por las malas.

Mi problema es que soy jugador. Y que como todos los jugadores, estoy convencido de que un día me darán la mejor mano. Porque todo terminará llegando, incluso lo bueno.


jueves, 6 de agosto de 2026

El fuego y yo

 




Bajo este título publico hoy aquí los microrrelatos escritos ayer tarde en una reunión con tres de los que fueron alumnos de mi taller literario La literatura salva vidas y que hoy son mis amigos y compañeros de trinchera literaria.

Como podréis ver al leer sus relatos escritos en 15 minutos cronometrados y con tan solo el título como motor de creatividad, son verdaderos ejemplos de lo que nace frente a un folio en blanco, con un bolígrafo y la necesidad de dar rienda suelta a la necesidad de escribir y a la pasión por las letras.

El fuego se ha llevado mucho este verano, pero también puede dar lugar a que nazca mucho más de lo que calcina, aunque sea en negro sobre blanco.

Espero que os gusten. Yo me siento muy orgulloso de ellos.




Fernando Santa Olaya                                                                       

Echó otro leño en lo que eran ya unas trémulas llamas sobre madera consumirá y contempló el proceso otra vez.

Vio como las llamas mortecinas lamían la madera recién ofrecida en sacrificio, como poco a poco iba haciendo mella en la corteza seca, creciéndose cada vez que se apoderaba completamente de una de las agrietadas partes de la misma con un crepitar victorioso para acabar viendo el triunfo del fuego mientras este tomaba al leño prisionero de su fatal abrazo. 

Le encantaba mirar el fuego con toda su imprevisibilidad. Sentía que el ciclo desde los más pequeño de una mortecina hoguera al cénit de las llamas tomando al asalto la madera en ellas tenía algo de atávico, de primordial. Le recordaba los eternos ciclos del universo de destrucción y creación en su baile eterno, así como los propios ciclos de la naturaleza más cercana e incluso de la historia.

 

Fue en este momento de reflexión cuando se volvió a encontrar preguntándose si habría algún tipo de criaturas viviendo dentro del fuego, sujetos a sus mareas y ciclos que no controlaban y pensarían de naturaleza divina o que se explicaría por esa nueva ciencia recién creada de la “Fuegología”. Pensó asimismo en las civilizaciones que un asado de domingo podía crear y destruir mientras asaba un costillar, o si la fase de ascuas sería un reflejo de alta Edad Media oscura de los seres del fuego.

Todo esto le pasaba por la mente cuando estuvo tentado de volver a la realidad de un anodino trabajo y un mal matrimonio, pero algo detuvo su movimiento, algo que le estaba llamando desde la base donde nacían las llamas y entonces echando otro leño a la crecida lumbre pensó que era mejor dar otro florecer cultural a los “fueguis”.



Ana Belén Brizuela 

Detente. 

Sé que estás vivo. Este aire que te alimenta me ha traicionado. El mismo que respiro para insuflarme vida cada vez que paro en este lugar.

No te acerques más, no lo necesitas. Quieres advertir de tu poder, pero ya es suficiente. No consumas más vida, ni te lleves nuestros recuerdos ni nuestras esperanzas. No mueras si no quieres, pero tampoco nos mates.

Haz que tu fuerza te lleve a otro lugar, desde el cual no tengas que emerger para alimentarte, y sé feliz entre cenizas, piedra y oscuridad.

Gea  te lo ordena desde lo más profundo. Ella es diosa y tú eres su elemento.

 Yo te imploro : vete a su encuentro y no vuelvas más. Yo me quedaré aquí.

Esperaré a ese aire que tanta vida siempre me regaló. Ha de regresar limpio y volverá a proteger lo que nos fue dado.



Aroa Masa 

«Hoy todo va a arder.»

Imagina que llegas a la que creías tu casa, porque hace dos meses que dejaste de pagar el alquiler que la casera no deja de inflar y ese día tu jefe te dice que la empresa atraviesa una mala época, así que, mínimo este mes, no cobras.

Quieres quemar algo. Matar a alguien valdría, pero los pirómanos suelen salir impunes. Además, cavar no es tu fuerte.

Empieza con algo pequeñito: una papelera o un contenedor de basura en el que volcar la rabia y la frustración.

Abres la puerta para salir de casa armada con un encendedor y el móvil, ya que grabar tu hazaña, subir el video a Instagram te parece una buena idea. Hay mucha gente quemada, a punto de arder. Incluso algunos ya están achicharrados.

En ese breve lapso de unos minutos se ha desatado un incendio. Miras el reloj: han pasado un par de horas en las que has urdido tu maravilloso plan maquiavélico que a ti te han parecido segundos. La ecuación perfecta ha funcionado: combustible, calor y viento, más hierbas sin desbrozar, añadidas a la dejadez tanto personal como política.

Todo ha ardido. Te invade una pena inmensa que torna tus emociones en un dolor hondo que se apodera de tu pecho.

Cuidado con lo que deseas. A veces se cumple.

Tú sigues con ganas de quemar la dichosa papelera inexistente en ese momento. Eso era lo único que querías; no que se incendiara el lugar en el que pasaste buenos tiempos, aunque ahora apenas los recuerdes.



Juan Pizarro

Ahí está. Aproximadamente 100 metros me separan de este demonio rabioso que, invocado por un enfermo al que visita a menudo, ha decidido arrebatarnos todo cuanto tenemos, incluso las vidas.

Una vez más la Guardia Civil tendrá que darse una vuelta por

el bar del teleclub para llevarse al Olegario. Eso si no lo encuentran antes el Mateo o la Desi, quienes no hace mucho pasaron por aquí con las escopetas listas y los bolsillos llenos de cartuchos.

Con esta serán ya tres las veces que al hijo de puta del “seis dedos” se le ha antojado arrimar el chiquero a los matorrales bajos que rodean el pinar. En las otras dos ocasiones n tardaron mucho en arrancarle una confesión completa. El cabo nos contó que no hizo falta siquiera interrogarlo, ni mostrarle las evidencias que lo delataron.  Con mucho desparpajo, e incluso con guasa (si no fuera porque sus palabras evidenciaron lo enfermo de su mente) contó en el cuartelillo que el mismísimo fuego lo había llamado y le había pedido ayuda para salir a dar una vuelta por el pinar. Menos mal que entonces los brigadistas, los bomberos forestales y los de la UME pudieron detenerlo antes de que arrasara con todo. Pero hoy los profesionales que combaten el fuego están liados con un asunto muy, serio en Ávila y aquí estamos solo los vecinos para detener el incendio.  Y lo haremos, pase o que pase y le pese a quien le pese.

Mañana será otro día. Espero que para entonces el Olegario se haya marchado bien lejos. La casa de la Matilde ya ha ardido por completo y las llamas vienen decididas a por la mía.

Pero no podrá conmigo.



 


martes, 28 de julio de 2026

En realidad no lo es


 Y no es la primera vez que comparto la meditada decisión de prestar atención a mis necesidades, a mi salud, física y mental y a las circunstancias que rodean mi devenir diario. Aunque en esta ocasión es diferente. He optado por concederme una tregua, por descansar y por intentar reponer la energía de una batería que ya daba avisos de estarse agotando.

El cuerpo es sabio, la mente una maestra y el corazón el bedel que abre y cierra las puertas del centro en el que se me permitió matricularme por segunda vez hace ya más de doce años, para que repitiera el curso y aprendiera de mis errores.

Y creo que estoy aprendiendo y que si me esfuerzo un poco lograré graduarme sin que vuelvan a expulsarme de esta institución a la que llamamos vida.

No es egoísmo. Es una necesidad vital. Ya he escrito antes que descubrí que las prisas no son buenas consejeras y que vivir acelerado solo puede llevarte al desastre, pues quieras o no se te frenará de la forma que sea. Con un infarto, con una crisis mental o con un accidente de tráfico. A mi se me frenó en seco y por una razón que aún desconozco se me concedió el volver a la circulación, con el vehículo adaptado y un molesto limitador de velocidad, pero de nuevo en la carretera, al fin y al cabo. Y avanzando seguro y firme.

Siempre he pensado que las segundas oportunidades no son gratuitas y que de alguna forma tendré que pagar la que me concedieron los hados. Siempre he creído que la mejor manera era compartir con todos los motivos que me llevaron a la caida y la manera de evitar catastróficas desdichas como la que sufrí. 

He dado conferencias y charlas en institutos, museos, ayuntamientos, instituciones penitenciarias y todo tipo de centros. He impartido talleres y cursos en los que he explicado como la literatura puede ser la mejor medicina, tanto en el cuidado preventivo como en el tratamiento de recuperación, y he conseguido un empleo en el que cada día ayudo a docenas de personas a solucionar problemas de toda índole.

Pero esta maldita sensibilidad y este exceso de empatía que me obligan a tratar de ayudar como a mi se me ha ayudado y, que me llevan a pedirle a Dios que me de las herramientas y el acierto, no vienen con libro de instrucciones y con manuales de uso y no he sabido leer las advertencias de lo que puede pasar si no atiendes las señales de emergencia que emite el alma.

Y toca parar un poco.

No es en absoluto un adiós, es tan solo un hasta luego.

Me conozco y sé que en cuanto me crea capacitado para regresar al combate, cogeré mi fusil, munición y una petaca llena de ilusiones y buscaré un atajo para volver a mi posición en la trinchera y unirme de nuevo a la lucha, enfrentando las adversidades codo a codo con mis compañeros y compartiendo con ellos munición y tabaco.

Rendirse nunca será una opción y pasar unos días lejos del fuego y de las cargas del feroz enemigo que nos declaró la guerra desde que llegamos al mundo, hará que lleve el uniforme con orgullo, con valor y con la certeza de que estoy en el bando correcto.

Volveré, como Mc Arthur.


domingo, 26 de julio de 2026

I don´t belong here


 Puede que en realidad no pertenezca a aquí, y pertenezca a otro lugar, a otro universo, a otro corazón, o al sueño del romántico irredento que se oculta tras el nombre que figura en mi carné de identidad y, que se ha obcecado en escribir cuanto se le pasa por el interior del pecho y por su dañado cerebro.

Puede que simplemente sea un estúpido. Puede.

En cualquier caso siento que mi vida es lo más parecido a un frágil castillo de naipes que corre el peligro de desmoronarse con el aleteo de unas pestañas, con el aire que acompaña al suspiro de quien decide de pronto dejar de querer y contener los besos, o con el viento de los rugidos ocultos tras esas palabras que nadie quisiéramos escuchar jamás. Y me he decidido a coger el toro por los cuernos, a enfrentar los reveses más desesperanzadores y a combatir cada lágrima que pugne por brotar.

A veces creo que no me van a acompañar las fuerzas, que todo se vendrá abajo y que me tocará sumar a mis circunstancias el baldón de un nuevo fracaso, A veces siento que en realidad rendirse si puede ser una opción y me veo tentado en exceso de tirar la toalla y de escapar del ring aprovechando la presencia de la azafata que pasea el cartel con el número del asalto que podrá ser el definitivo para privarme del título. A veces aprovecho la oscuridad y lo privado de la noche y cuando mi gato mira hacia otro lado, lloro y maldigo la crueldad del adversario que aprovecha que intento levantarme de la lona para sacudirme un derechazo tras otro hasta que el celestial arbitro detiene el combate y me concede unos minutos en mi rincón.

Quizás vivir sea aceptar que la pelea no terminará jamás, y entrenar duro para ser capaz de resistirla sin perder la dignidad, el  orgullo y las ganas de levantar el cinturón.

Quizás lo mejor sea quitarme el  protector y sonreír esquivando los directos. 

Ha sonado la campana. Vuelvo a la pelea. Espero al menos ofrecer el mejor de los espectáculos.

Pertenezco aquí, pertenezco al pabellón en el que se celebra el combate y en el que los aplausos de público suenan como la más delciiosa música sinfónica.



viernes, 10 de julio de 2026

Renunciar


 Soñar es gratis, no tributa en hacienda y enriquece al que sueña. Por eso todos acostumbramos a soñar y muchos nos decidimos a perseguir nuestros sueños. Pero solo unos pocos los respetan y no los condenan al baúl de las fantasías.

Y es que es muy difícil mantenerte en la batalla cuando aciertas a ver que esos sueños pueden convertirse en realidad a base de sacrificio y esfuerzo, de tesón, de ambición y de trabajo duro. 

Pero de alguna manera la sociedad te invita constantemente a renunciar.

Luchar por lo que quieres te lleva a convertirte en un guerrero de la esperanza y, enfrentar las adversidades y las trabas que en tu camino suele colocar el destino, te hace merecedor de conseguir alcanzar la meta. No rendirte nunca, no dejarte derrotar por la desesperación disfrazada de cruda realidad y no permitirte caer en el desaliento, es lo que hará que cuando consigas la victoria, la disfrutes mucho más de lo que habías podido imaginar. De lo que habías soñado.

Por eso desde aquí os invito a soñar y os animo a formar parte del club de soñadores que prefieren no despertar y seguir peleando por aquello que le da sentido a sus vidas.

Yo no quiero renunciar. No quiero rendirme. No quiero ceder. aunque a veces las razón y las circunstancias se empeñen en demostrarme que soñar es un síntoma de inmadurez. Y que los castillos en el aire y los pájaros volando tan solo pueden confundirme.

Pero persigo mi sueño y un día lo conseguiré alcanzar, por muy difícil que aún parezca y por muy duro que vaya ser el camino.

Soñar puede que se de inmaduros, pero intentaré madurar alcanzando mis sueños.

miércoles, 24 de junio de 2026

Un tipo duro


 Nuca lo he sido, y la verdad es que tampoco aspiro a ello. Tan solo me gustaría ser capaz de controlar este exceso de empatía y esta angustiosa extrema sensibilidad, y dejar de sufrir tanto y por tantas cosas.

Aquella dichosa lesión cerebral con la que me encontré una noche de estúpidas decisiones, me dejó algunos regalitos bastante agobiantes y, más allá de haber desorganizado los archivos de mi memoria pulsando delete sobre cuantos recuerdos le pareció oportuno, me he llevado un espectacular dos por uno, conjugando la fastidiosa labilidad emocional con la muy molesta ansiedad crónica.

Todo esto hace de mi realidad un continuo poema existencial, una eterna balada en modo menor y un relato en gerundio en el que no consigo terminar de escribir el ansiado final feliz, aunque me esfuerce en poner los medios para merecerlo.

Ya he escrito en más de una ocasión que no tengo el monopolio del dolor ni de la angustia. Pero la verdad es que esta etiqueta de PAS cada día se me clava más en la piel y, me produce una dolorosa llaga que no soy capaz de sanar por muchos bálsamos que trate de aplicarle.

Ayer, hablando con una amiga de todo esto, le comentaba que prefiero mil veces sentir como siento, aunque a veces me pase factura, que ser una de esas personas insensibles (la insensibilidad no tiene género) a las que les trae sin cuidado machacar a cuantos las rodean, abusando de la amabilidad, de la confianza o de la ausencia de maldad de aquellos con los que se cruzan.

Quizás por eso no aspiro a ser un tipo duro. No quiero que se me tema o se me evite, no quiero que aquellos a los que amo terminen poniendo distancia y abandonando mi vida. Y es por ello por lo que intento alcanzar el equilibrio necesario para poder aguantar cuantos golpes me de la vida sin terminar siendo el eterno sufridor, y consiguiendo sonreir incluso en las circunstancias más difíciles, aunque eso es francamente difícil, pero soy peleón, y no voy a rendirme.

Prefiero que me defina la dulzura, aunque también me condicione. Maldita dulzura en tantas ocasiones, y bendita sensibilidad en tantas otras.

Tengo que terminar de conocerme, de comprenderme y de perdonarme. Tengo que aprender a vivir siendo yo y estando orgulloso de serlo.

Tengo que avanzar mucho aún. Pero estoy en el camino.


jueves, 11 de junio de 2026

La razón del arte


 El arte es mucho más que la expresión de las emociones e ideas del artista. En ocasiones, y como se  demuestra en el video que encabeza este texto, es el puente que tiende la humanidad entre la razón y el entendimiento, para unir pueblos, culturas y realidades.

La compañía Rita Clara lleva ya 35 años en escena, ofreciendo al público que asiste a sus espectáculos coreografías nacidas del corazón y diseñadas desde el alma.

Para esta compañía de danza, familia es mucho más que una palabra. La bailaora y coreógrafa Rita Clara sale a escena acompañada por la guitarra española que tañe con exquisita maestría su marido, y por el arte de los pasos de baile que ejecuta a la perfección el hijo de ambos, quien ha cogido el testigo que le entregaron sus padres para hacer de la danza y la escena su lugar de comunicación, de trabajo, de reposo y de ilusión.

En su espectáculo, La casa del sol poniente, Rita Clara nos habla del amor entre los pueblos y de como solo a través  de ese amor, cristianos, judíos y musulmanes estamos condenados a entendernos pues somos hermanos que adoramos a un mismo dios, pero con distinto nombre, que creemos en una misma salvación y que soñamos con un idéntico mundo en paz.

Al parecer Rita Clara ha sido propuesta como candidata al Premio Nacional de danza 2026, y sinceramente espero y deseo de corazón que el jurado que se designe para conceder el galardón, tenga en cuenta que además de ser ejemplo en su disciplina, Rita es también ejemplo para muchos en valores humanos.

Vivimos en un mundo difícil, en el que la humanidad ha preferido odiarse a amarse, ha preferido matarse a facilitarse la vida y robar a regalar, cuando todos sabemos que el momento del regalo llena más a quien lo entrega que a quien lo recibe.

Yo agradezco desde el más profundo cariño y desde mi más sincera admiración, el regalo que se me hace al levantarse el telón y poder disfrutar de las coreografías diseñadas y ejecutadas por esta gran mujer, por su marido y por su hijo.

Soy creyente, y con la mano en el corazón, rezo para que quienes han sabido acariciarme el alma con su talento, sean premiados por el creador de todo.